El machiruleo mediático, o cómo defender la reputación del agresor

Por María Florencia Valletta

A raíz de la denuncia penal por violación efectuada contra Juan Darthés (anunciada por conferencia de prensa del colectivo Actrices Argentinas) los medios realizaron una cobertura que dejó bastante que desear.

El primer paso fueron las preguntas inapropiadas y que nadie quiso responder en la conferencia de prensa, como por ejemplo el reiterado pedido de más detalles cuando el video de Thelma había sido lo suficientemente claro y detallado. El segundo las infaltables notas que ponen el foco en la víctima y que apelan al argumento de que en realidad se necesita escuchar a las dos campanas, como si un violador fuera a admitir públicamente que lo es, y como si los medios fueran los mismísimos tribunales, donde se deben presentar las pruebas y dictar sentencia.

En ese marco aparecen las notas de Infobae “Los posteos de Thelma Fardin sobre ‘Patito Feo’ antes de la denuncia contra Juan Darthés” y “Juan Darthés: un actor al que varias colegas ya habían acusado de acosador”.

En la primera se analiza cada posteo previo a la denuncia de la víctima, en la búsqueda de algún indicio “relevante”[1]. Este operar resulta habitual en los medios de comunicación, consiste en indagar en la vida y las redes de la víctima, como si en lo que dice o hace estuviera la respuesta al hecho en sí que constituye la noticia, ya sea una violación, un femicidio o cualquier otro delito. Es un modo de desviar el foco y alimentar el morbo. También, por qué no, de rellenar porque es el tema del momento y los medios sienten la presión de ser los más leídos / vistos / escuchados. Desde ya en dicha nota no se brinda ninguna clase de información relevante y/o nueva.

En la segunda nota directamente se preocupan por el posible daño a la imagen del acusado, porque parece ser que las violaciones son como una especie de piedra con la que se tropiezan los perpetradores y es necesario pensar en si ellos salen ilesos o no. La pregunta no es tanto cómo seguir adelante luego de ser violada, sino cómo retoma su vida “normal” el violador, a quien las “molestas denuncias” le “manchan” su nombre y sus supuestamente prolijas carreras. No resulta extraño este fenómeno en el marco de una sociedad patriarcal, que desde siempre pondera el desarrollo profesional masculino (su ser en el ámbito público), naturaliza las agresiones sexuales y considera a los delitos sexuales como meros deslices. Un varón hace lo que se supone debe hacer en una sociedad como esta, ya que el mandato de masculinidad hegemónica supone el ejercicio de la violencia en todas sus formas pero sobre todo con un carácter expresivo, como bien planteaba Rita Segato en “Las estructuras elementales de la violencia” (2003) cuando habla, por ejemplo, de las violaciones grupales y también de cómo el relato de los violadores evidencia que aunque el acto lo perpetren físicamente solos, los violadores mentalmente dialogan con otros hombres. Es siempre una demostración de poder que se da entre ellos y en el cual el cuerpo de la mujer solo es portadora de esos mensajes. A decir de Segato: “se parecería, en principio, a lo que Jonathan Fletcher, en su exégesis de la obra de Norbert Elias, llama ‘violencia expresiva’, que constituye un ‘fin emocionalmente satisfactorio en sí mismo’, en contraste con la ‘violencia instrumental’, como ‘medio racionalmente escogido para alcanzar un objetivo determinado’ (Fletcher, 1997, p. 52). Sin embargo, las cosas no ocurren del todo así, porque de hecho la violación responde dialógicamente a la interpelación de personajes que pueblan el imaginario del perpetrador, figuras genéricas que lo apremian y exigen restaurar un orden dañado. En última instancia, están en juego la virilidad y el prestigio personal que la violación confiere como valor. Podría decirse, por lo tanto, que se trata de una violencia instrumental orientada hacia un valor, esto es, la reparación o adquisición de un prestigio” (2003: 43).

Y explicita que la violación pone en juego la masculinidad, diciendo que es vista “como una demostración de fuerza y virilidad ante una comunidad de pares, con el objetivo de garantizar o preservar un lugar entre ellos probándoles que uno tiene competencia sexual y fuerza física. Esto es característico de las violaciones cometidas por pandillas, por lo común de jóvenes y habitualmente las más crueles. Sin embargo, en muchos de los testimonios escuchados, aunque se trate de un delito solitario, persiste la intención de hacerlo con, para o ante una comunidad de interlocutores masculinos capaces de otorgar un estatus igual al perpetrador. Aunque la pandilla no esté físicamente presente durante la violación, forma parte del horizonte mental del violador joven. Y el acto de agresión encuentra su sentido más pleno en estos interlocutores en la sombra y no, como podría creerse, en un supuesto deseo de satisfacción sexual o de robo de un servicio sexual que, de acuerdo con la norma, debería contratarse en la forma de una relación matrimonial o en el mercado de la prostitución. Se trata más de la exhibición de la sexualidad como capacidad viril y violenta que de la búsqueda de placer sexual” (2003: 33).

Así las cosas, Infobae nos cuenta que Darthés está casado hace muchos años con la misma mujer, tiene hijos y no parecía ser lo que es. Como si los violadores tuvieran algo en su rostro o en sus actitudes en la vida cotidiana que evidencie lo que son. Nada más alejado de la realidad, no son monstruos, son seres comunes que pueden ser padres, tíos, hermanos, abuelos, novios y se desempeñan en miles de tareas. Son hijos sanos del patriarcado y por ende están diseminados por toda la sociedad. Nada de sus vidas puede explicar lo que son más que sus actos en sí, pero eso parece irrelevante para los medios. La preocupación está en que “el actor mostraba una imagen que ahora parece insostenible”, que su imagen venía fantásticamente pero se “enturbió” básicamente porque Calu Rivero decidió contar “su ‘verdad’” (así, encomillado). Se insiste en remarcar que la actriz Rivero jamás hizo la denuncia policial (aunque luego cuentan con lujo de detalles la denuncia de Thelma y hasta incluso ya se arriesgan a decir que casi seguro no lo condenan, todo muy alentador para las víctimas que están ahora mismo pensando en denunciar. Pero si no denuncian qué pocos serios sus planteos públicos, ¿no?) pero que sin embargo acusó a su compañero de elenco de “excederse” en las escenas. No acosó, simplemente se pasó (nótese aquí cómo se busca relativizar la gravedad de los hechos).

Esta línea editorial no es poco habitual en Infobae. Hace pocos días se publicó la nota “2018: el año que Ricardo Darín jamás olvidará”. Allí se expresan frases poco felices como “el actor quedó muy dolido por las fuertes acusaciones en su contra que realizó Valeria Bertuccelli. Tuvo que salir a defenderse y se refugió en el cariño de su familia” y se menciona la denuncia de dos actrices como “escándalo mediático”. Darín pasó, así sin más, de victimario a víctima.

Rodrigo Lussich (autor de la nota) se refiere a la denuncia sentenciando que “su pátina intachable tuvo un punto negro”, apenas un puntito que con paciencia se puede “limpiar”. También lo describe como “el que más identifica al porteño, al argentino medio, el que sale en pijama de su casa en Palermo para ir al quiosco, el que recorre el mundo con sus películas, que llena los cines, que eligen los directores más prestigiosos, que tiene en su haber parte de los mayores sucesos del cine nacional; fue acusado de maltratador con una mujer. Y aunque el tema merme en los medios, hizo en él la mella de un dolor que no cesa”. Lágrimas aparte, podría bien tratarse del típico canchero, bastante machirulo, que para validarse como el que “se las sabe todas” necesita ningunear y tratar de taradas e inútiles a sus colegas. De hecho, una casualidad, es –palabras más, palabras menos- lo que ellas denuncian. El varón cis blanco heterosexual promedio, el que cumple con los mandatos de la masculinidad, posee estos atributos.

Lussich igual se siente esperanzado: la película de Darín tuvo muchos espectadores. No hay daño: va a seguir siendo exitoso.

Siguiendo con los lamentos, vaticina que “con el tiempo, el actor podrá mensurar la totalidad de las esquirlas del caso. Pasó meses muy complicados, anímicamente bajoneado, y es verdad que su mujer fue el gran sostén familiar y de la pareja para sostener el trago amargo. Sin cuestionar aquí los dichos de las damnificadas -ellas así lo sintieron y no es analizable en tanto sus términos hayan sido genuinos- lo cierto es que por primera vez en años el nombre de Darín estuvo ligado a un escándalo de proporciones”. No se piensa cuestionar a las víctimas, pero finalmente se lo hace.

Nos cuenta también que el actor “descarta por ahora un encuentro con la ex compañera y amiga que iba a hacer yoga a su casa en familia”. Nunca es mala la oportunidad para decir que antes había un lazo profundo, para ver si prende la semillita del posible despecho. Jamás es tarde para sembrar la duda de si en realidad hace esto por venganza. Porque el pacto de caballeros es esto, tratar de volver las denuncias un capricho, una especie de ventaja que busca sacar la víctima del pobre varón relajado que nunca hizo nada.

Para terminar su sesuda reflexión sobre la realidad de Darín nos señala apesadumbrado que “incluso a los más queridos, hay un sector que los espera para patearles la cabeza en el piso aunque hayan ganado hasta el mismísimo Oscar”. Así que ya saben, machirulos del mundo, si ganan un Oscar o tienen éxito en algo, no importa lo que hagan, nadie puede tener el tupé de bajarlos del pony.

Consultar las notas analizadas en:

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2018/12/11/los-posteos-de-thelma-fardin-sobre-patito-feo-antes-de-la-denuncia-contra-juan-darthes/

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2018/12/11/juan-darthes-un-galan-con-perfil-familiero-al-que-sus-colegas-acusan-de-acosador/

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2018/12/04/2018-el-ano-que-ricardo-darin-jamas-olvidara/

[1] SPOILER ALERT: en realidad siempre resulta irrelevante.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Luxx Marina dice:

    Reblogueó esto en La Herida de Género.

    Me gusta

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